Desde el Observatorio de Trendsity, nuestro equipo de investigación de mercado, insights y data está permanentemente monitoreando nuevos hábitos, prácticas y tendencias que constituyen uno de los pilares de los estudios y reportes que realizamos diariamente para nuestros clientes de diversas industrias y verticales.
En esta edición te traemos:
- Espacios multigeneracionales: comunidad y convivencia más allá de la edad
- Tecnología con límites: la retrotech enamora a la Gen Z
- Bienestar estacional: adiós a la rutina única
- Zonas libres de IA: preservar el criterio humano
- La educación financiera se mete en el diseño fintech
FRONTERAS POROSAS
Espacios multigeneracionales: comunidad y convivencia más allá de la edad

Si el diseño de productos, espacios y experiencias segmentadas por edad ha sido la norma por décadas, empiezan a surgir entornos que buscan generar cotidianeidad entre distintas generaciones.
Durante gran parte del siglo XX organizamos la vida en compartimentos etarios: escuelas para niños, oficinas para adultos, centros para jubilados y consumos diferenciados para cada generación. Sin embargo, el envejecimiento poblacional, el crecimiento de la soledad y la búsqueda de nuevas formas de comunidad están impulsando una nueva generación de espacios intergeneracionales.
En este sentido, el diseño intergeneracional cobra relevancia porque fortalece la sensación de comunidad y mejora el bienestar emocional (ej. permite que niños aprendan de seniors, que seniors estén más integrados y promueve redes de apoyo más resilientes) Para lograrlo, incorpora principios como accesibilidad universal, áreas de uso compartido, espacios flexibles, infraestructura segura y confortable para todas las edades y entornos verdes que favorecen la interacción cotidiana.
Uno de los casos más citados es SESC Pompeia, en San Pablo, donde conviven actividades culturales, deportivas y recreativas para todas las edades. A nivel global también crecen iniciativas como Humanitas en Países Bajos, un modelo de residencia intergeneracional donde estudiantes viven junto a adultos mayores a cambio de compañía y apoyo cotidiano. El proyecto, ampliamente documentado en estudios académicos, se ha convertido en un caso emblemático de convivencia entre generaciones dentro de entornos de cuidado. El Intergenerational Learning Center de Seattle es otro caso donde un jardín de infantes funciona dentro de una residencia para mayores. Otros ejemplos incluyen los programas de co-living intergeneracional en España; y bibliotecas y centros comunitarios de Reino Unido y Países Bajos que promueven el intercambio de conocimientos entre jóvenes y adultos mayores. En todos los casos, la convivencia entre generaciones se transforma en una fuente de aprendizaje, bienestar y construcción de comunidad.
Mensaje para los negocios: La frontera entre “jóvenes” y “mayores” se vuelve cada vez más porosa. A contracorriente de la hiper segmentación etaria, emergen señales de una sociedad que vuelve a valorar los vínculos transversales, el aprendizaje mutuo y el diseño de experiencias que conecten generaciones alrededor de intereses, valores y necesidades comunes.
RAÍCES MÓVILES
Tecnología con límites: la retrotech enamora a la Gen Z

En plena era de la hiperconectividad, cada vez más jóvenes vuelven a adoptar tecnologías de los años 90 y principios de los 2000 en busca de experiencias, intencionales y menos invasivas.
Paradójicamente, la generación que nació rodeada de tecnología es la que empieza a cuestionarla con más fuerza. Después de crecer entre notificaciones permanentes, redes sociales, algoritmos y pantallas multifunción, muchos jóvenes buscan dispositivos que hagan menos cosas, pero las hagan de manera más simple. La atracción por la tecnología retro no responde únicamente a la estética vintage: responde al deseo de recuperar atención, presencia y límites en el uso.
Los ejemplos son cada vez más visibles. Un relevamiento reciente de Business Insider muestra que crece el interés de la Generación Z por teléfonos plegables, cámaras digitales y hasta teléfonos de línea, mientras nuevas empresas comienzan a reinterpretar estos dispositivos para el presente. También resurgen formatos físicos que parecían definitivamente superados como VHS.
La tendencia también alcanza al entretenimiento. Los reproductores de CD y las ediciones físicas de música están recuperando popularidad entre consumidores jóvenes que buscan experiencias más tangibles. En paralelo, NPR reportó el auge de las cámaras digitales de principios de los 2000 entre usuarios de la Generación Z atraídos por imágenes menos editadas y más espontáneas.
El fenómeno también impacta en el gaming. Nintendo continúa capitalizando el interés por sus clásicos mediante el relanzamiento de títulos de Game Boy, mientras que las consolas retro como Nintendo 64 encuentran nuevos seguidores atraídos por experiencias presenciales y compartidas. A esto se suma el regreso de los Tamagotchi, incorporados al World Video Game Hall of Fame en 2025, y el interés creciente por walkie-talkies, teléfonos fijos y otros dispositivos que proponen formas de conexión más limitadas y deliberadas.
Mensaje para los negocios. La nostalgia explica parte del fenómeno, pero no toda la historia. En contraste con los dispositivos actuales, diseñados para captar atención de manera constante, estas tecnologías proponen experiencias más acotadas y deliberadas. Para las marcas, la oportunidad no pasa necesariamente por revivir productos antiguos, sino por diseñar experiencias con más intención y más control.
EGOBALANCE
Bienestar estacional: adiós a la rutina única

Cada vez más personas dejan de pensar las rutinas de bienestar como instancias fijas y predeterminadas y empiezan a adaptarlo a estaciones, niveles de energía y momentos vitales distintos
Ciertas rutinas de bienestar se construyeron sobre la idea de la constancia y repetición como sinónimo de éxito, a saber, levantarse siempre a la misma hora, entrenar con la misma frecuencia, sostener la misma alimentación y mantener rutinas estables sin importar el contexto.
Pero esa lógica empieza a flexibilizarse porque no todos los días del año -ni todas las etapas de la vida- exigen lo mismo. Uno de los cambios más claros se ve en las rutinas de ejercicio. La premisa de “entrenar siempre igual” empieza a perder peso frente a una mirada más sensible al contexto. En los meses de mayor energía -generalmente primavera y verano- muchas personas tienden a moverse más al aire libre, en cambio, cuando baja la energía o aparecen períodos de más estrés o menor luz natural, el ejercicio se reconfigura: sesiones más cortas, entrenamientos indoor o prácticas más suaves como yoga, movilidad o fuerza moderada.
Ese mismo cambio de mirada empieza a impactar en cómo se interpreta la energía general. Conceptos como seasonal living o soft productivity plantean algo más simple: hay momentos de expansión y momentos de retracción. Y ambos son funcionales si se los entiende en su contexto. Este enfoque también se filtra en el mundo del trabajo, especialmente en perfiles de alta demanda. Ejecutivos, profesionales independientes y equipos de liderazgo empiezan a observar sus propios ciclos de energía con más atención. En lugar de mantener agendas homogéneas, algunos reorganizan sus tareas según niveles de concentración: momentos del día o del año para decisiones complejas, otros para tareas operativas o planificación. Incluso aparece una lógica estacional en lo profesional: meses más orientados a lanzar proyectos y otros más dedicados a diseño estratégico, formación o revisión.
Mensaje para los negocios: El bienestar deja de ser una fórmula única para todos que se sostiene igual en el tiempo. Para las marcas de bienestar, fitness, alimentación, productividad o salud la oportunidad está en acompañar esa variabilidad y empezar a proponer herramientas que se adapten a distintos momentos, energías y necesidades.
NEOCONECTIVIDAD
Zonas libres de IA: preservar el criterio humano

Al mismo tiempo que las empresas aceleran la adopción de inteligencia artificial en todos sus procesos, se busca crear casi como antídoto algunos espacios, tareas y momentos de trabajo deliberadamente libres de IA.
Hasta el momento la lógica dominante consistió en automatizar todo lo posible. Sin embargo, a medida que la IA comienza a asumir tareas cada vez más complejas, surge una nueva pregunta: ¿qué actividades deberían seguir siendo exclusivamente humanas? La discusión ya no gira únicamente alrededor de qué puede hacer la IA, sino también de qué conviene preservar fuera de su alcance. Investigaciones de Harvard y del MIT advierten que una dependencia excesiva de estas herramientas podría erosionar capacidades fundamentales de análisis y aprendizaje, especialmente entre profesionales que todavía están desarrollando criterio y experiencia.
Algunas organizaciones empiezan a experimentar con lo que ya se conoce como AI-free zones: reuniones sin asistentes automáticos, procesos de brainstorming donde no se permiten herramientas generativas, ejercicios de escritura manual, mentorías presenciales y tareas de formación profesional que buscan mantener el entrenamiento humano.
La lógica detrás de estas prácticas es que no todo trabajo existe por el resultado que produce. Algunas tareas también cumplen una función formativa: ayudan a desarrollar criterio, creatividad, empatía o capacidad de decisión. En paralelo, muchas compañías comienzan a descubrir que la ventaja competitiva no estará únicamente en adoptar IA más rápido, sino en combinar automatización con capacidades humanas difíciles de replicar
Mensaje para los negocios Para líderes y equipos de RR.HH., el desafío es identificar qué capacidades vale la pena automatizar y cuáles conviene seguir entrenando precisamente porque nos hacen humanos. Así como aparecieron los espacios libres de notificaciones o las políticas de desconexión digital, podrían multiplicarse los ámbitos donde el valor esté en la conversación humana, el pensamiento propio y la creatividad sin asistencia algorítmica.
CONCIENCIA DE LA RESPONSABILIDAD
La educación financiera se mete en el diseño fintech

Después de un primer momento marcado por el objetivo de eliminar cualquier obstáculo en el uso, algunas apps financieras comienzan a introducir pequeñas pausas y alertas dentro de sus productos para ayudar a los usuarios a tomar decisiones más conscientes.
En el segmento financiero, una regla había guiado el diseño de productos: cuanto menos fricción, mejor. Abrir una cuenta en minutos, pedir un préstamo desde el celular o comprar con un clic se convirtió en sinónimo de innovación. Pero a medida que crecen el endeudamiento, la ansiedad financiera y las decisiones impulsivas, empieza a emerger una nueva pregunta: ¿la experiencia más rápida es siempre la mejor experiencia para el beneficio del cliente?
La llamada “fricción positiva” propone incorporar momentos de reflexión dentro del recorrido digital. No se trata de volver complejos los procesos, sino de introducir señales que ayuden a evaluar las consecuencias de una decisión antes de ejecutarla. Una pausa, una simulación o una advertencia pueden funcionar como una segunda conciencia en el momento justo. De esta manera, la educación financiera deja de estar separada del producto y pasa a integrarse dentro de la experiencia.
Algunas compañías ya avanzan en esta dirección. La aplicación de presupuesto YNAB obliga a asignar cada ingreso a un objetivo antes de gastarlo. Revolut y Monzo utilizan alertas, presupuestos y visualizaciones que muestran cómo determinados consumos impactan sobre las metas financieras del usuario. Nubank, por su parte, incorpora simuladores para que las personas comprendan el costo futuro de préstamos y financiamientos antes de contratarlos.
La lógica también aparece en otros segmentos. Starling Bank permite bloquear categorías específicas de gasto y exige un tiempo de espera antes de volver a habilitarlas. En el mundo de las inversiones, plataformas como Fidelity incorporan cuestionarios de tolerancia al riesgo y advertencias adicionales antes de operar productos complejos.
Mensaje para los negocios Si hasta ahora las fintech y el segmento financiero compitió por reducir cada segundo del recorrido del usuario, la próxima ventaja competitiva podría estar en ayudarlo a decidir mejor. En categorías donde las decisiones tienen consecuencias relevantes, introducir la dosis justa de reflexión puede fortalecer la confianza, mejorar la relación con el cliente y construir vínculos más sostenibles en el tiempo.



