FEBRERO 2026

Desde el Observatorio de Trendsity, nuestro equipo de investigación de mercado, insights y data está permanentemente monitoreando nuevos hábitos, prácticas y tendencias que constituyen uno de los pilares de los estudios y reportes que realizamos diariamente para nuestros clientes de diversas industrias y verticales.

En esta edición te traemos:

  • Aeropuertos: del tránsito a la experiencia
  • Folklore remix: la tradición como estética pop
  • La gestión emocional como diferencial laboral
  • Hecho por humanos: el nuevo diferencial en la era sintética
  • El no desperdicio como estándar gastronómico

FRONTERAS POROSAS

Aeropuertos: del tránsito a la experiencia

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Durante décadas, los aeropuertos fueron concebidos como espacios puramente funcionales al viaje, pero en la actualidad, las terminales aéreas evolucionan hacia verdaderos ecosistemas de consumo, cultura y entretenimiento, donde gastronomía, retail, diseño y programación cultural se integran para construir experiencias que exceden el viaje.

Desde las investigaciones que hemos realizado desde Trendsity, surge que este cambio responde a una nueva forma de entender la infraestructura aeroportuaria. Con millones de pasajeros circulando cada año y tiempos de permanencia cada vez más largos, los aeropuertos se consolidan como territorios estratégicos para la economía cultural y el comercio y hasta algunas terminales ya funcionan casi como pequeñas ciudades.

Como principal puerta de entrada a la Argentina, el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini atravesó una transformación pensada para escalar a estándares internacionales y acompañar el crecimiento del tráfico de pasajeros, con un sistema capaz de operar millones de personas al año de forma más eficiente e integrada. El foco estuvo puesto en la experiencia: rediseño de recorridos, mayor automatización (equipaje, controles), incorporación de tecnología invisible y expansión de servicios que hacen el paso por el aeropuerto más ágil y predecible. Este enfoque le valió -entre otras distinciones- la certificación de Experiencia del Cliente de Airports Council International (ACI), Nivel 1,  que lo posiciona como uno de los líderes regionales en la mejora continua de la experiencia de los pasajeros.

Los ejemplos más avanzados se encuentran en Asia y Medio Oriente. El aeropuerto Changi de Singapur integra jardines tropicales, cascadas interiores, cines y espacios comerciales que convierten la terminal en una atracción turística. En Hamad International, en Doha, el arte contemporáneo y el retail de lujo forman parte central de la experiencia del pasajero.

En América Latina el aeropuerto El Dorado de Bogotá ha incorporado tiendas de diseñadores locales, marcas de café colombiano y propuestas gastronómicas que buscan representar la identidad del país desde la llegada del viajero. En Arturo Merino Benítez, en Santiago de Chile, la expansión reciente sumó restaurantes de chefs reconocidos y espacios comerciales que priorizan productos y marcas nacionales. Incluso en Ezeiza, la renovación de áreas gastronómicas y de retail apunta a convertir al aeropuerto en una vitrina contemporánea de la cultura argentina para el visitante internacional.

Más allá del consumo, estos espacios también empiezan a asumir un rol simbólico. Los aeropuertos funcionan como la primera y la última impresión de un país. Por eso cada vez más terminales incorporan arte local, diseño regional y propuestas gastronómicas que actúan como embajadores culturales.

Mensaje para los negocios: Para las marcas, esta evolución abre una oportunidad estratégica: los aeropuertos concentran audiencias globales en momentos de alta disposición a explorar y consumir. Instalarse allí ya no significa sólo vender, sino participar de una experiencia cultural más amplia.

RAÍCES MÓVILES

Folklore remix: la tradición como estética pop

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Durante mucho tiempo, el folklore fue percibido como un territorio ligado a la tradición, al patrimonio o a expresiones culturales asociadas a generaciones mayores. Hoy, músicos, diseñadores y artistas visuales están reinterpretando símbolos, ritmos y estéticas folklóricas para integrarlos a lenguajes contemporáneos en una suerte de remix cultural donde identidad y modernidad conviven.

En la música latinoamericana, este cruce se vuelve especialmente visible. Artistas jóvenes están incorporando instrumentos, ritmos y estéticas del folklore en géneros urbanos o electrónicos, generando sonidos híbridos que dialogan con nuevas audiencias. En Argentina, proyectos como Ca7riel y Paco Amoroso han experimentado con elementos de imaginarios criollos y estéticas locales. En paralelo, artistas como Lido Pimienta, nacida en Colombia y radicada en Canadá, fusionan ritmos caribeños, percusión tradicional y electrónica para construir un sonido profundamente contemporáneo.

Algo similar ocurre en el universo del pop global. La artista española Rosalía se convirtió en uno de los ejemplos más visibles de esta tendencia al reinterpretar el flamenco -un género profundamente tradicional- dentro de estructuras del pop y la música urbana.

Este movimiento no se limita a la música. En moda, diseño y arte visual también empiezan a aparecer reinterpretaciones de textiles tradicionales, bordados regionales o iconografía popular integrados a lenguajes contemporáneos. Diseñadores latinoamericanos trabajan con comunidades artesanas para reinterpretar técnicas ancestrales en prendas actuales, mientras que ilustradores y creativos visuales recuperan imaginarios rurales, paisajes o símbolos tradicionales como parte de una nueva estética cultural.

Mensaje para los negocios: El folklore deja de ser un recurso nostálgico para convertirse en una fuente viva de identidad cultural. Aquellas empresas capaces de dialogar con estos códigos de manera respetuosa y contemporánea pueden construir narrativas con fuerte arraigo local y, al mismo tiempo, con capacidad de viajar globalmente.

EGOBALANCE

La gestión emocional como diferencial laboral

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Durante años, la conversación sobre productividad estuvo dominada por métricas duras: resultados, eficiencia, horas trabajadas. Hoy empieza a emerger una nueva variable en el mundo corporativo relacionada a la sostenibilidad emocional del trabajo, sobre todo en entornos cada vez más atravesados por presión, incertidumbre y saturación digital.

A diferencia de las primeras iniciativas de bienestar corporativo -muchas veces limitadas a beneficios aislados- la nueva conversación se centra en rediseñar la experiencia cotidiana del trabajo por ejemplo con espacios formales de conversación y momentos de reflexión colectiva. En lugar de tratar la emocionalidad como un tema privado, se la integra a la dinámica del equipo como parte de la cultura organizacional.

En algunas organizaciones, estos cambios toman forma a través de rituales de equipo que estructuran el tiempo laboral. Empresas de tecnología como Spotify o servicios como Atlassian han institucionalizado espacios periódicos de “retrospectiva emocional”, instancias donde los equipos no sólo revisan resultados sino también cómo se vivieron los proyectos. Otras compañías experimentan con reuniones de “check-in humano” al inicio de la semana, donde cada integrante comparte brevemente su estado emocional antes de entrar en agenda o espacios de conversación guiada para procesar momentos de alta presión.

Mensaje para los negocios: Para las empresas, el desafío -más allá de atraer talento- es sostenerlo en contextos de alta intensidad laboral. Diseñar culturas de trabajo emocionalmente sostenibles puede convertirse en una ventaja competitiva: equipos que se sienten escuchados, que pueden procesar tensiones y que encuentran momentos de pausa dentro de la jornada tienden a sostener niveles de creatividad, colaboración y compromiso mucho más duraderos.

NEOCONECTIVIDAD

Hecho por humanos: el nuevo diferencial en la era sintética

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A medida que la inteligencia artificial multiplica la producción de textos, imágenes, música y video, la autenticidad emerge como una nueva preocupación cultural y tecnológica. Si durante años el desafío fue generar contenido a escala, ahora empieza a cobrar importancia la posibilidad de verificar su origen y demostrar que algo fue creado por una persona.

La respuesta empieza a tomar forma en distintos sectores a través de sistemas de certificación, firmas digitales y tecnologías de trazabilidad del contenido. Uno de los desarrollos más avanzados es el estándar impulsado por la Coalition for Content Provenance and Authenticity (C2PA), un consorcio que reúne a empresas tecnológicas, medios y plataformas para crear un sistema que permita rastrear el origen de imágenes, videos y documentos digitales. Este estándar ya está siendo implementado por compañías como Adobe, que trabaja en herramientas capaces de adjuntar “credenciales de contenido” que registran cuándo, cómo y con qué herramientas fue producido un archivo.

Las plataformas tecnológicas también comienzan a desarrollar sus propios mecanismos de verificación. OpenAI y Google exploran sistemas de marcas de agua invisibles en contenidos generados por inteligencia artificial, mientras que redes sociales y medios experimentan con etiquetas que indican cuando una imagen fue creada o modificada mediante IA.

Más allá de la tecnología, también emergen señales culturales de autenticidad. Algunos creadores y marcas empiezan a incorporar “firmas humanas” en sus contenidos: detrás de escena, registros del proceso creativo, notas manuscritas o incluso la presencia visible del autor en la producción del contenido.

Mensaje para los negocios: Para las industrias creativas, los medios y las plataformas digitales, el desafío será construir nuevos sistemas de confianza en un entorno donde lo sintético se vuelve cada vez más indistinguible de lo real. Más que una simple cuestión técnica, la autenticidad empieza a convertirse en un activo cultural.

CONCIENCIA DE LA RESPONSABILIDAD

El no desperdicio como estándar gastronómico

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Durante décadas, el desperdicio fue una consecuencia casi invisible del funcionamiento de la gastronomía. Hoy, chefs, restaurantes y emprendimientos alimentarios están replanteando la lógica de la cocina para reducir o incluso eliminar los residuos.

Este cambio implica revisar todo el sistema culinario. Algunos restaurantes diseñan sus menús para aprovechar cada parte del ingrediente -raíces, cáscaras, hojas o espinas- mientras que otros incorporan técnicas como fermentación, deshidratación o compostaje para extender el ciclo de vida de los alimentos. Lo que antes terminaba en la basura empieza a convertirse en caldos, aceites aromáticos, salsas o condimentos.

En América Latina, varios proyectos están explorando este enfoque. En Ciudad de México, el restaurante Baldío se convirtió en un referente regional al operar bajo una lógica de desperdicio cero: no utiliza tachos de basura en la cocina y trabaja con fermentos, compostaje y aprovechamiento integral de ingredientes provenientes de productores locales. En Perú, iniciativas vinculadas al universo de Virgilio Martínez -como los proyectos gastronómicos asociados a Central– exploran el uso integral de productos andinos, donde raíces, hojas y tallos forman parte de la experiencia culinaria y reflejan una relación más circular con el territorio.

Brasil también muestra señales de este movimiento. Restaurantes vinculados a la nueva gastronomía paulista, como A Casa do Porco, trabajan con la lógica de “aprovechamiento total” del animal o del ingrediente, reduciendo descartes y transformando cada parte en distintos platos o preparaciones.En Argentina, restaurantes como Anchoíta trabajan desde hace años con una lógica de producto que prioriza la estacionalidad, las técnicas de conservación y el aprovechamiento integral de los ingredientes, en línea con una cocina que busca extender la vida útil de cada materia prima.

Mensaje para los negocios: Para la industria alimentaria, el desafío va mucho más allá del restaurante. Aquellos negocios gastronómicos capaces de repensar el ciclo completo de los alimentos -desde la producción hasta el descarte- no sólo reducirán su impacto ambiental, sino que también podrán construir nuevas narrativas de valor en torno a la creatividad, la eficiencia y el respeto por los recursos.

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